Dios amado, no me ha de esperar
ni odio, ni temor, ni pesar,
pues si hoy me encuentro en Tus brazos,
¿por qué he de esperar mañana fracasos?
Del número de agosto de 1976 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana
Dios amado, no me ha de esperar
ni odio, ni temor, ni pesar,
pues si hoy me encuentro en Tus brazos,
¿por qué he de esperar mañana fracasos?