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Una Mañana Sufri, repentinamente,...

Del número de marzo de 1992 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana


Una Mañana Sufri, repentinamente, un ataque de apoplejía. No podía recordar cómo hacerme el nudo de la corbata, manejar el automóvil o construir una frase coherente. Lo que sí recuerdo es la fortaleza y convicción que expresaba mi esposa acerca de lo que habíamos aprendido en la Ciencia Cristiana sobre la verdad del ser. También recuerdo la inmediata ayuda de un amigo, que es practicista de la Ciencia Cristiana, el apoyo de mi hermana y el aliento de mi esposa.

En dos días debía presentarme a una entrevista de trabajo, pero logré posponerla hasta la semana siguiente. Oré y estudié, y mi esposa y yo sentimos mucha gratitud por todo el bien que habíamos experimentado en nuestra vida, incluso las muchas pruebas del poder de Dios y Su amor por el hombre. La mejoría fue constante.

Cuando llegó el día de la entrevista, pensé en el hecho espiritual de que todo está bien en el diseño infinito de Dios, y que el Cristo, la Verdad, está siempre presente y se puede reconocer que satisface toda necesidad humana. Vi que mi propósito en la entrevista era oír y reflejar a Dios que es la Mente.

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