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Estamos gobernados por la ley, no por la casualidad

Del número de julio de 1995 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana

The Christian Science Monitor


“Cuando Alguien Se saca la lotería o le va bien en el casino, ¿cómo sabes que no es la obra de Dios?”, me preguntó un amigo. Pensé por un momento antes de responder: “Porque para que esa persona gane, muchos otros tiene que perder”. “¿Acaso Dios no obra de esa manera?” “No, Dios no obra de esa manera”.

Cuando pensamos en el ejemplo de Cristo Jesús, es evidente que el Maestro siempre sabía qué esperar de Dios, y obraba de acuerdo con esa expectativa. Cuando él y su apóstol necesitaron dinero para pagar los impuestos, le indicó a Pedro que sacara tan solo un pez del agua y le abriera la boca. Allí encontraría una moneda. Véase Mateo 17:24–27. ¡Pedro no sacó una gran cantidad de peces para sacar ventaja!

El Hijo de Dios no obraba de acuerdo con la casualidad, y su provisión no le venía a expensas de la provisión de los demás. El demostró que el bien proviene de Dios. Jesús se sentía muy cerca de Dios; era tan receptivo a la guía de la Mente divina que sabía que podía confiar en que Dios le proporcionaría lo que él necesitaba.

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