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Voy a Nínive

Del número de mayo de 1998 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana


"¿Cómo puede el relato de Jonás
tocar mi vida?" Es tu pregunta.
"Suena como a mitología fantástica:
¡Un gran pez que traga a un hombre
y luego sobre tierra seca,
vivo, lo arroja!"

Bueno, sí, como algo remoto suena;
pero atención: sucede en ciertos
aspectos todos los días.
A ti y a mí nos envía el Señor
por el mundo para enseñar a
pueblos como los ninivitas el rumbo,
pero pensamos nuestro propio
camino seguir, buscando
realizaciones, riquezas
—sí, el renombre.
Quisiéramos por camino una senda
florida. Y a Tarsis, no a Nínive,
decidimos elegir.

No podemos elegir sino ¡hacer lo
que se nos ha encomendado!
Pero obstinados, a veces
en tormentas nos encontramos,
y por nuestro propio desaliento
somos tragados.
En nuestra aflicción,
¡Auxilio, Señor! clamamos.

Desde lo hondo, en un leviatán
de dudas, la luz de Dios
de pronto vislumbramos
descendiendo a los abismos
donde nos hallamos,
disipa la oscuridad y hacia lo alto
nos eleva.

¿Qué quieres Tú que haga?
Tu voluntad es la mía.
Voy a prevenir, a implorar,
y de Tu amor por Tu familia a hablar.
(Somos profetas, y eso nos pasa
a todos.)

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