Queridos Amigos, nunca los olvidaré. Los tres agachados en la entrada de la Plaza de la República, riéndose. Uno de ustedes estaba sentado en la vereda, agarrándose los dedos de los pies. Los otros estaban acurrucados bajo un árbol enorme. Podrían haber sido mis hijos.
!Tenía tantas ganas de hablarles! Pero no hablo portugués. Además, la gente dice que a los "chicos de la calle" no les gusta hablar con extraños.
Cuando al cabo de media hora mi amiga y yo volvimos a pasar por donde ustedes estaban, realmente me sorprendieron porque los vimos profundamente dormidos. A pesar de las motocicletas, camiones, autos, bicicletas, música y miles de personas haciendo ruido alrededor de ustedes...
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