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Sanó de depresión postparto

Del número de julio de 1999 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana


Después De que nacieron nuestros mellizos, sufrí de depresión postparto. Fui a la librería local en busca de algo que me ayudara, y me encontré con el libro de Mary Baker Eddy, Ciencia y Salud con Clave de las Escrituras. En ese entonces sentía que necesitaba más serenidad y equilibrio en mi vida diaria, y la lectura de este libro me dio esto y mucho más. Para mí fue como la perla de gran precio que menciona la Biblia. Lo que es más, su lectura me sanó de la depresión.

En una ocasión recibí ayuda mediante la oración de un practicista de la Christian Science, porque sufría de retención de líquidos, para lo cual había tomado medicamentos. Todos los meses esta condición me hacía sentir miserable y con un genio casi incontrolable por varios días. Sané con las oraciones del practicista. Sin embargo, en lugar de aceptar la curación, comencé a esperar que reaparecieran los síntomas. Cuando aparecieron, me sentí demasiado avergonzada como para decírselo al practicista y decidí manejar la situación yo misma. Encontré un artículo en el Sentinel que me alentó a esperar cada día con alegría y expectativa del bien, en lugar de tener temor. Y así lo hice.

Entonces una noche, cuando leía Ciencia y Salud, mis ojos se posaron en este pasaje: "Si vosotros mismos estáis perdidos en la creencia de enfermedad o pecado y en el temor a ellos, y si, conociendo el remedio, no usáis las energías de la Mente en beneficio propio, podéis ejercer poco poder o ninguno en auxilio de los demás" (pág. 455). Al principio no pude ver cómo se aplicaba esto a mí. Sin embargo, al día siguiente, cuando casi pierdo el control de mi temperamento, me di cuenta de que debía dejar de sentir lástima por mí misma. Sabía cuál era el remedio. Tenía que usar "las energías de la Mente" para mi beneficio. Tenía que aferrarme únicamente a lo que era verdad acerca de Dios y de mí misma como Su semejanza. Dios es Todo y es el único poder. No existe ningún otro poder que me pueda controlar. Dios llena todo el espacio, y no hay lugar para nada que sea desemejante a Él. Dios es bueno y yo soy Su semejanza, por lo tanto, sólo puedo expresar el bien. En ese momento supe que estaba libre. Sané y la condición nunca me volvió a molestar.

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