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La crianza de los niños y recurrir a Dios como Madre

Del número de mayo de 2018 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana


Mis mellizos de dos años estaban desmantelando los calentadores de zócalo en uno de los dormitorios, al tiempo que mi hija de cinco años trataba de llevar sola a nuestro bebé recién nacido al piso de arriba por las escaleras. Estas dos cosas estaban ocurriendo mientras los de siete y nueve años me estaban llamando para que los ayudara a ponerse los patines para el hielo porque el agua que se había acumulado en el jardín de atrás se había congelado la noche anterior.

Este fue un momento cuando me sentí agradecida al declarar con firmeza que no necesitaba sentirme sola o estresada porque Dios, el Amor divino, estaba allí conmigo. Y más que eso, en la realidad espiritual Dios es la verdadera Madre de todos nosotros, la creación espiritual del Amor. Podía sentir que la presencia del Amor divino me apoyaba en ese momento, y la presión y la ansiedad desaparecieron.

Le di un gran abrazo a mi hija mientras le quitaba suavemente de sus brazos al bebé, distraje a los mellizos con algunos juguetes, rápidamente puse los calentadores de nuevo en su lugar, y muy pronto ayudé a los dos varones a ponerse sus patines y trajes de nieve para que salieran a divertirse al jardín.

Cuando era una madre joven, a veces era para mí una tentación sentir que junto con la alegría y la responsabilidad de criar a mis hijos estaba la sensación de sentirme abrumada. Había innumerables decisiones importantes que tomar todos los días, durante todo el día. Yo quería hacer lo mejor para mis hijos, pero con frecuencia no sabía qué era lo mejor exactamente. Esto puede parecer muy intimidante, pero lo bueno era que había aprendido con mi estudio de la Ciencia Cristiana que yo no estaba sola y sin ayuda. Podía recurrir a nuestro divino Padre-Madre Dios en busca de sabiduría, guía, fortaleza, seguridad, tranquilidad y confianza.

Cristo Jesús enseñó a la humanidad la reconfortante verdad de que Dios es nuestro Padre, nuestro Padre divino, siempre presente para apoyar y guiar a Sus hijos. La Ciencia Cristiana, basada en las enseñanzas de Jesús, muestra que Dios es nuestra Madre, también. En el sentido espiritual del Padre Nuestro, el primer versículo —“Padre Nuestro que estás en los cielos” (Mateo 6:9)— es interpretado espiritualmente como “Nuestro Padre-Madre Dios, todo-armonioso” (Mary Baker Eddy, Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, pág.16). y la definición de Madre en el Glosario de Ciencia y Salud es “Dios; el Principio divino y eterno; la Vida, la Verdad y el Amor” (pág. 592).

Cuando surgen desafíos en nuestras actividades diarias al criar a los niños, podemos recurrir con comprensión, confianza y expectativa a nuestra Madre divina y encontrar las respuestas, escuchando en nuestra consciencia la sabiduría que se requiere en ese momento. Nunca estamos solos, nunca estamos sin una solución a un problema. El Amor divino está siempre con nosotros, transmitiéndonos la sabiduría que necesitamos para saber qué debemos hacer.

En la Biblia encontramos ejemplos de madres que descubrieron que Dios es capaz de responder a nuestras necesidades. Algunas de ellas enfrentaron situaciones que parecían desesperadas, como infanticidios o hambruna. En Primera de Reyes leemos de una mujer de la ciudad de Sarepta que se había quedado sin comida y dinero (véase 17:8-16). Ella había decidido juntar algunas ramitas para hacer fuego y cocinar lo último que le quedaba de comida, y esperaba que después ella y su hijo morirían. Pero de pronto llegó un extranjero que le pidió que primero le preparara a él algo para comer de sus preciadas provisiones, y que después se alimentara ella y su hijo, prometiéndole que la comida duraría hasta que regresaran las lluvias.

Sin duda, el hecho de dar lo último que resta de nuestra comida a una persona extraña no siempre es lo correcto de hacer. Pero la madre debe de haber percibido que este extranjero, el profeta Eliseo, era un hombre de Dios, pues ella obedeció e hizo lo que se le pidió. La mujer entonces descubrió que su comida y el aceite para cocinar duraron todo el tiempo que fue necesario.

Dios como Madre, nos guía, protege y vigila a todos nosotros.

Como madre, esta historia me conmueve el corazón, porque es una prueba de que Dios, el Amor divino, siempre está cerca para responder a toda necesidad. Me recuerda las reconfortantes palabras de Isaías acerca del tierno cuidado de Dios por los hijos y las madres: “Como pastor apacentará su rebaño; en su brazo llevará los corderos, y en su seno los llevará; pastoreará suavemente a las recién paridas” (40:11). Cada uno de nosotros tiene la habilidad inherente de discernir las soluciones necesarias para asuntos grandes y pequeños.

¿Te acuerdas de los seis niños que mencioné al principio de este artículo? Bueno, cuando los mellizos eran bebés, su hermana estaba asistiendo a una clase preescolar dos veces por semana. La perspectiva de llevar a mis hijos de jardín de infantes y al de primer grado a la escuela, y luego de alguna forma empacar todo para dos bebés y llevar a mi hija en el auto a preescolar, parecía imposible. ¿Cómo siquiera podría llegar al estacionamiento del edificio de la escuela con ellos tres? ¿Quién podía ayudarme? Ningún familiar vivía en la ciudad. Le pedí a Dios que me dijera cómo hacerlo.

Oraba afirmando que si bien yo ciertamente tenía la responsabilidad de cuidar de mis hijos, el hecho de comprender la omnipresencia del Amor divino, me ayudaría a cuidar muy bien de ellos. Como Madre, el Amor divino es la fuente del amor, la paciencia, el vigor y el conocimiento infinitos, y nos guía a todos nosotros para obtener las respuestas que necesitamos y cumplir con nuestras actividades correctas. 

El siguiente versículo de la Biblia me dio la certeza de que había una solución que funcionaría para todos: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:28). Cuando amamos a Dios, somos guiados a obtener las soluciones necesarias, a poner a un lado nuestras nociones preconcebidas, y a abrir nuestro pensamiento para recibir la respuesta que nuestro Padre-Madre Dios tiene para nosotros.

Si bien, ahora no recuerdo exactamente cómo ocurrió, otro padre de la clase inesperadamente me llamó poco después, y se ofreció a recoger a mi hija y llevarla a la escuela todos los días. Me dijo que él pasaba frente a mi casa de camino, de modo que no tenía que apartarse para hacerlo, y a su hijo le encantaría que una compañera viajara con ellos. Este padre también me dijo que le daría mucho gusto traer a mi hija a casa después de la escuela. ¡Parecía demasiado bueno para ser verdad! Pero, por supuesto, era verdad, y yo lo vi como una pequeña prueba de que el Amor divino, el Amor Madre, tiene infinitos recursos para responder a cualquier necesidad que surja.

Estoy muy agradecida por saber que Dios como Madre nos está guiando, protegiendo y vigilando a todos. Ya sea que nuestros hijos sean infantes o adolescentes, que estén aún en la escuela o se hayan graduado hace mucho, podemos con toda confianza recurrir al Amor divino con un corazón expectante y firme confianza de que Ella ama a nuestros hijos y a nosotros sin medida, y está perpetuamente manteniéndonos a salvo y bajo Su cuidado. Como cantamos en un himno que me encanta:

¡Oh Padre-Madre, tierno Amor,
a Ti me vuelvo en mi aflicción!
En paz reposa mi pensar,
confía mi alma en la verdad:
    El hijo soy de Dios. 
(Margaret Glenn Matters, Himnario de la Ciencia Cristiana, N° 232, trad. © CSBD)

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