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¿Cómo puedo hablar con personas que tienen puntos de vista políticos distintos a los míos?

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 7 de mayo de 2019


P: ¿Cómo puedo hablar con personas que tienen puntos de vista políticos distintos a los míos?

R: ¡Hablar de política puede dar miedo! El desafío en muchas conversaciones sobre política es que parecen reducirse a quién tiene razón y quién está equivocado, como si eso fuera más importante que cualquier otra cosa.

Pero ¿qué pasaría si las conversaciones sobre política pudieran tener un propósito más profundo? Hace varios años, mi percepción y comprensión de esta idea repentinamente tuvo un cambio total. Pasaba la noche con un amigo, y nuestra conversación de alguna manera se convirtió en un acalorado debate político. Él se enojó conmigo rápidamente, y aunque intenté razonar con muchos puntos diferentes pensando que lo harían comprender, ninguno lo hizo. Aunque yo, en cambio no estaba enojado, sí me estaba sintiendo bastante intimidado.

Finalmente, decidí dejar de intentar pensar qué decir a continuación o razonar con su punto de vista tan diferente. En ese espacio de quietud, se me ocurrió una nueva idea: no estaba en esta discusión para intentar cambiar la opinión de alguien, o validar la opinión de nadie, ni siquiera la mía. Mi tarea era ser un sanador.

Como soy Científico Cristiano, la idea de ser un sanador no era nueva para mí. De hecho, esta era a menudo la forma en que había abordado otras situaciones en mi vida, ¡simplemente nunca conversaciones políticas! Entonces, ¿cómo se aplicaba esto aquí?

Las palabras de Mary Baker Eddy acerca de los sanadores me dieron una idea. Por ejemplo, ella escribió, “El mejor sanador es aquel que menos se hace sentir, y viene así a ser una transparencia para la Mente divina…” (Escritos Misceláneos 1883-1896, pág. 59). En este pasaje, como en todos sus escritos, Mente se refiere a Dios.

Si mi trabajo consistía en dejar que la Mente, Dios, el bien divino, brillara a través de mí y de mi conversación, eso significaba que no tenía que examinar mi base de datos mental de hechos políticos. En cambio, podía dejar que Dios “[estuviera] con [mi] boca” (Éxodo 4:12). Al eliminar mis propias opiniones, estaba haciendo espacio para que las ideas sanadoras de Dios pasaran a primer plano.

Entonces, en una pausa apropiada, abrí la boca y esto es lo que salió de ella: “Lo que realmente pienso es esto: quiero vivir una vida que contribuya a un mundo donde este problema ya no sea un problema. Hasta entonces, simplemente no creo que tenga nada que agregar”. No sentí la necesidad de elaborar lo que dije o tratar de convencer a mi amigo de nada.

Mi amigo pareció un poco sorprendido. Como yo ya no estaba tratando de discutir ni defender una posición, sus argumentos no tenían de dónde “agarrarse”. Pero pareció estar de acuerdo en que era hora de terminar y seguir adelante. Y sí, seguimos siendo buenos amigos.

Ahora puede que te preguntes, “¿Qué curación es esa? Simplemente abriste la boca y dijiste algo y la conversación cambió”. Pero en realidad, ese momento fue bastante increíble: Podías sentir como toda la tensión y agresión salían de la habitación, y lo único que quedó fue un aprecio genuino mutuo como individuos, en lugar de miembros de diferentes partidos políticos. También debo mencionar que después de esto, tuvimos otras conversaciones sobre política, que siempre se caracterizaron por el aprecio por lo que cada persona traía a la mesa. ¡Definitivamente hubo curación en esa relación!

Todos podemos aprender de un compromiso productivo, abierto y honesto entre nosotros. Sin embargo, para encontrar soluciones que trasciendan las líneas partidarias, es útil comenzar desde un punto de vista sanador. Las palabras específicas que digas, o la forma en que “dejas que Dios llene tu boca”, puede parecer diferente de una situación a otra. Pero sabrás que eres un sanador cuando sientas que estás dejando de lado la necesidad de hacer valer lo que tú piensas personalmente, expresado como cierta opinión o argumento cuidadosamente construido, para ser testigo de la Mente infinita e inteligente en acción.

Con la curación como nuestro punto de partida, podemos comenzar a ver que en el universo ordenado por Dios hay espacio para una maravillosa diversidad, y que el progreso de alguien jamás puede venir a expensas del de otra persona. También encontraremos que hasta la conversación más pequeña puede brindarnos la oportunidad para que nuestro amor por Dios, y el amor de Dios por todos nosotros, brille. El Amor divino es el poder unificador que verdaderamente gobierna a todos, y trae inspiradas soluciones a la luz. 

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Alfred F. Schneider, El Heraldo de la Ciencia Cristiana, número de mayo de 1974

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