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El cuidado de mi Padre

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 11 de junio de 2019


Era mi último año de universidad, y acababa de regresar a casa para mis vacaciones de invierno cuando, de repente, mi papá falleció. Él era uno de los hombres más amables, pacientes y fieles que he conocido. Fue una gran persona y un papá increíble.

Me sentí muy perdido. ¿Qué iba a hacer sin el hombre que siempre había estado allí para guiarme por la vida? En mayo de ese año, me graduaría de la universidad y no tenía idea de lo que haría después. Quería hacer algo que tuviera un propósito y ayudara a los demás. Mi papá era la persona con la que más quería hablar acerca de los trabajos, pero ahora no estaba aquí.

Durante la primavera de mi último año, oré mucho por ambas cosas, el fallecimiento de mi padre y el empleo después de la universidad. Cuando he tenido desafíos en mi vida, siempre he acudido a Dios en busca de respuestas y consuelo, y los he hallado. Sabía que Dios también me cuidaría esta vez, pero había momentos en que las cosas parecían ser una batalla cuesta arriba. Hubo días en que me sentí muy triste y perdido.

Había estado haciendo algunas llamadas para explorar opciones en mi carrera, y un hombre con quien hablé era Científico Cristiano. Él me alentó a pensar en una línea en el Padre Nuestro que dice: “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy” (Mateo 6:11). Para mí, el “pan nuestro de cada día” en el Padre Nuestro es una promesa que se basa en el hecho de que Dios, a quien la oración se refiere como “nuestro Padre”, satisface nuestra necesidad, ya sea de comida, un empleo con propósito o cualquier otra cosa. Mientras oraba con esta idea, mi perspectiva cambió de pensar que dependía de mí encontrar un trabajo, a comprender que Dios me estaba dando todo lo que necesitaba. Una vez que comencé a reconocer que mi Padre divino es la fuente de la provisión, la incertidumbre se desvaneció y las oportunidades comenzaron a aparecer. Un amigo me avisó sobre un puesto de asistente residente en una escuela secundaria en otro estado. Finalmente, lo solicité y fui aceptado para el trabajo.

Estoy muy agradecido por haber sido guiado a presentarme a ese puesto. Fue un año muy sanador para mí, y el trabajo que hice me ayudó mucho a seguir adelante después del fallecimiento de mi papá. Me sentí con un propósito y sané, porque cada día buscaba bendecir y ayudar a los demás, al igual que mi papá hizo en su vida. Me encanta la forma en que Mary Baker Eddy describe esto en Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras donde escribe: “Todo lo que mantiene el pensamiento humano en línea con el amor abnegado recibe directamente el poder divino” (pág. 192). Fue este amor desinteresado lo que me sanó.

Esta experiencia me enseñó mucho sobre el hecho de que volverse a Dios con el humilde deseo de bendecir a los demás realmente abre nuestro pensamiento para ser bendecidos y sanados. Ahora, cuando extraño a mi papá, busco maneras de ayudar y bendecir a otros. He estado muy agradecido por poder honrar a mi papá todos los días a través de mi trabajo, y sentir más el cuidado de mi Padre celestial, que sé que siempre estará allí.

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Alfred F. Schneider, El Heraldo de la Ciencia Cristiana, número de mayo de 1974

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