Skip to main content
Original Web

Liberado de la depresión

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 15 de agosto de 2019


Después de graduarme de la universidad, mi estado de ánimo fluctuaba mucho, a veces me sentía bien conmigo mismo, y después me desanimaba cuando las cosas a mi alrededor se volvían sombrías y deprimentes. Al principio pensé que esto era normal, porque hacía mucho tiempo que estaba lidiando con esos sentimientos. Pero después de un tiempo, supe que necesitaba salir de esa montaña rusa y enfrentar lo que estaba sucediendo.   

Un sentimiento que me molestaba mucho era el arrepentimiento. Soy músico profesional y cuando estudiaba había tocado fuera del campus universitario casi todos los fines de semana. En consecuencia, sentía como que me había perdido la oportunidad de disfrutar de la vida social en la escuela, algo que ya no volvería. También me sentía solo, extrañaba a los amigos que había hecho.  

Fue en ese momento que me detuve y oré para obtener la guía de Dios. Al hacer mi estudio espiritual me encontré con el siguiente versículo de la Biblia: “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación” (Santiago 1:17). Para mí esto quería decir que los regalos que mostraban la bondad de Dios, incluso la oportunidad de asistir a la universidad, no incluían ninguna sombra u oscuridad; y podía recordarlos con gratitud. Me di cuenta de que el arrepentimiento era “un fantasma del pasado”, una ilusión que trataba de robarme la alegría que sentía en ese momento. La solución era encontrar cosas en mi vida por las que podía sentirme inmediatamente agradecido. Tales como estar con mi familia, que realmente se interesaba por mí. Empecé a comprender más plenamente que yo merecía la bondad de Dios.

A medida que mis pensamientos comenzaron a elevarse, encontré este versículo de Salmos: “¿Por qué te abates, alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios, pues he de alabarle otra vez. ¡Él es la salud de mi semblante, y mi Dios!” (42:11, KJV). Me di cuenta de que, si iba a tener esperanza en Dios, tenía que esperar más el bien, apartarme de las expectativas negativas y, en cambio, adorar a Dios por Su bondad. ¿Podían mi alegría, esperanza y paz ser abatidas? No si Dios era la salud de mi semblante. Busqué la palabra semblante y descubrí que se refiere a la expresión facial o a la conducta. Al confiar en Dios, yo solo podía tener un semblante de tranquilidad, bondad y alegría.

Yo sabía que Dios estaba apoyando mi salud, mi sensatez mental y que podía sentirme bien acerca de quién era yo, donde estaba y lo que estaba haciendo. Sabía que Dios, que todo lo sabe, mantenía amorosamente mi identidad porque es espiritual, completa, estable y expresa continuamente solo el bien. Ver más de mi verdadera identidad espiritual me ayudó a tener el valor de defenderme a mí mismo como el hijo amado de Dios, y rápidamente descarté las falsas y oscuras sugestiones que me venían al pensamiento.

En el libro de texto de la Ciencia Cristiana, Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras por Mary Baker Eddy, leemos: “El hombre es la expresión del Alma” (pág. 477). Yo siempre he gravitado hacia esta idea, porque como músico y compositor, me encanta el proceso creativo. Alma es un sinónimo de Dios, y los atributos del Alma son creatividad, armonía, inspiración, talento artístico y así sucesivamente. Pero yo necesitaba aprender más acerca de ser la expresión del Alma, incluso lo siguiente: “El Alma tiene recursos infinitos con que bendecir a la humanidad, y la felicidad se lograría más fácilmente y estaría más segura en nuestro poder, si se buscara en el Alma” (Ciencia y Salud, pág. 60).

Cuando pensé en ser la expresión del Alma, me di cuenta de que tenía que comprender mejor que yo era la imagen y semejanza misma del Alma, y reflejaba Su infinita bondad. Necesitaba verme a mí mismo como Dios me ve: espiritual, hermoso, lleno de gracia y amable. ¿Acaso Él pensaría que no estamos a la altura de los demás? No, ¡eso no es lo que Dios ve! De manera que debía verme a mí mismo como Dios me veía, como una expresión espiritual individual de serenidad, dulzura, equilibrio, compostura y bondad. Esta es realmente la verdad, para todos.

Estaba comenzando a aprender que no existe ninguna mente separada de Dios, la Mente divina —la única Mente real— y que nada está verdaderamente en operación fuera del alcance de la Mente omnisapiente. Nuestra verdadera consciencia es el reflejo y la expresión directos de la Mente. Por medio de la oración y el razonamiento espirituales es que nos defendemos y nos liberamos de los grilletes de la depresión para poder sanar.    

La curación no se produjo de inmediato, pero fui persistente. Me mantuve alerta a los pensamientos que me tentaban a sentirme separado de Dios, y continué sabiendo que la verdadera naturaleza de Dios es amar y cuidar, y que Él estaba allí mismo presente conmigo. Al hacer esto, me di cuenta de que sentía más alegría. Esta alegría no era eufórica o temporal; era tranquila y constante de un día al otro. Me encontraba en una nave más firme, y ya no andaba sobre el oleaje de las emociones.

 En un momento dado, al pensar en el concepto de los opuestos, comprendí que uno puede pensar que la expresión (como cuando decimos, expresar a Dios) es el opuesto de la depresión. Pensar más detenidamente en la expresión me dio la oportunidad de reconocer lo que era espiritualmente cierto. El hecho es que la creación de Dios no incluye temor o infelicidad. Sabía que podía ser lo que Dios me hizo que fuera. Expresaba naturalmente libertad y aplomo, y esto me trajo la fortaleza y la determinación para buscar un futuro mejor.

Ciencia y Salud dice: “Deja que el modelo perfecto esté presente en tus pensamientos en lugar de su opuesto desmoralizado. Esta espiritualización del pensamiento deja entrar la luz, y trae la Mente divina, la Vida no la muerte, a tu consciencia” (pág. 407). Esto fue lo que experimenté, y supe que la curación era completa. Me di cuenta de cuán importante era verme a mí mismo continuamente desde una perspectiva espiritual. Abandoné las dudas acerca de quién era yo realmente, y reconocí solo el modelo perfecto que Dios ve. Esto produjo la curación y una brillante perspectiva que ha permanecido conmigo.

Bill Chaplin
Palm Coast, Florida, EE.UU.

Más artículos en la web

La misión de El Heraldo

La explicación divinamente inspirada de la Sra. Eddy sobre la misión de El Heraldo de la Ciencia Cristiana, fundado en 1903, se ha convertido en símbolo de las actividades del movimiento de la Ciencia Cristiana que abarca al mundo. Las palabras de la Sra. Eddy figuran en la inscripción de la cornisa del edificio de La Sociedad Editora de la Ciencia Cristiana: para proclamar la actividad y disponibilidad universales de la verdad. El Heraldo es una expresión tangible del interés de nuestra Guía en compartir con toda la humanidad el inapreciable conocimiento de la Ciencia de la Vida. La Sra. Eddy comprendió que el Consolador había venido “para la sanidad de las naciones”.

Alfred F. Schneider, El Heraldo de la Ciencia Cristiana, número de mayo de 1974

Saber más acerca de El Heraldo y su misión.