Es con profunda gratitud a Dios y por haber aprendido a orar de la manera en que se enseña en la Ciencia Cristiana que ofrezco este testimonio.
Hace varios años, nuestro hermano se fue de casa para ir a aprender el oficio de nuestro tío en otro país. En cierto momento, mientras estaba en el extranjero, viajó solo a otra provincia. Nuestra familia no supo de él por mucho tiempo. Usamos todos los medios a nuestra disposición para encontrarlo, pero fue en vano.
Mi mamá sugirió que oráramos por él. Mis hermanos y yo habíamos aprendido en la Escuela Dominical de la Ciencia Cristiana que Dios es omnipotente, omnisciente y omnipresente. También sabíamos que Dios es Amor, y que todos somos creados a Su imagen espiritual. Esto nos aseguró que nuestro hermano de ninguna manera podía estar separado de Dios, el Amor. Jamás, bajo ninguna circunstancia, podía encontrarse en una situación en la que el amor de Dios no pudiera acudir en su ayuda.
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