Se podría decir que toda persona que se entrega a la perversidad — al mal en cualquiera de sus diversas formas no está en un estado de buena salud mental, no está en su juicio cabal. Personalmente puede considerarse muy racional y aun así lo pueden considerar sus semejantes; no obstante, en cierto sentido, está experimentando un tipo de demencia y es necesario reconocerla como tal y sanarla.
En Ciencia y Salud Mary Baker Eddy nos dice: “Hay muchas especies de demencia. Todo pecado es demencia en distintos grados. El pecado se salva de esta clasificación sólo porque su método de locura está de acuerdo con la creencia mortal corriente”.Ciencia y Salud, pág. 407 ;
Al que está procediendo mal pero que se considera perfectamente normal y sano, puede parecerle algo sorprendente el darse cuenta repentinamente de que sus pasiones, apetitos equivocados, o egoísmo, su envidia, odio o venganza son, hasta cierto punto, formas de demencia. Es cierto que estos peculiares síntomas de demencia pueden no parecer tan violentos que requieran aislar y confinar a la persona. La sociedad acepta muchos actos pecaminosos como normales y los condona. En efecto, la sociedad cree firmemente que estos males forman parte de la naturaleza humana básica.
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