“La maldición
nunca vendrá sin causa”.
Pasará volando,
hasta desaparecer:
un ave mítica
jamás puede descender.
No puede dar voces,
es muda.
“La maldición
nunca vendrá sin causa”.
Mas la paloma descenderá —
una bendición celestial —
y reposará
sobre el que es puro,
sobre el que tiene complacencia
ante Sus ojos:
la paz de la bendición de Dios
no pasará volando.
La paloma descenderá
y reposará.