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TESTIMONIO

Hechos 3:1–8

Del número de febrero de 1976 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana


Eran mis buenos amigos, los hombres que me llevaban a la puerta del templo llamado la Hermosa — para implorar a los que podían hacer, entre cánticos, una venia y una donación al pasar. Y aquellos dos que pasaron aquel día — ¿cómo podían mis buenos amigos saber lo que esos dos percibieron, que yo, que del vientre de mi madre cojo nací como una piltrafa humana, jamás de allí salí? ¿Podían mis amigos romper acaso mi pasado? Pues ellos y yo conocíamos lo que por siglos fue enseñado: un Dios terriblemente fiero y un hombre fugaz.

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La misión de El Heraldo

La explicación divinamente inspirada de la Sra. Eddy sobre la misión de El Heraldo de la Ciencia Cristiana, fundado en 1903, se ha convertido en símbolo de las actividades del movimiento de la Ciencia Cristiana que abarca al mundo. Las palabras de la Sra. Eddy figuran en la inscripción de la cornisa del edificio de La Sociedad Editora de la Ciencia Cristiana: para proclamar la actividad y disponibilidad universales de la verdad. El Heraldo es una expresión tangible del interés de nuestra Guía en compartir con toda la humanidad el inapreciable conocimiento de la Ciencia de la Vida. La Sra. Eddy comprendió que el Consolador había venido “para la sanidad de las naciones”.

Alfred F. Schneider, El Heraldo de la Ciencia Cristiana, número de mayo de 1974

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