La Ciencia Cristiana enseña que el hombre verdadero, nuestra verdadera identidad, no va a la deriva con las llamadas corrientes del tiempo, sino que permanece ahora en la ribera firme del ser eterno. En esta Ciencia divina aprendemos que nuestro ser verdadero no forma parte de la transitoriedad del tiempo; vivimos en el ahora eterno, sin la carga de un pasado temporal, sin la incertidumbre de un futuro temporal, sin comienzo ni fin.
“La eternidad, no el tiempo, expresa la idea de la Vida, y el tiempo no es parte de la eternidad”,Ciencia y Salud, pág. 468; dice la Sra. Eddy en Ciencia y Salud. La eternidad, por lo tanto, no es un lapso de tiempo de longitud infinita porque “el tiempo no es parte de la eternidad”. Pablo proclamó: “He aquí ahora el tiempo aceptable”. 2 Cor. 6:2; Este ahora, sin espacio de tiempo — sin años, meses, semanas, días, horas, minutos o segundos antes o después — es nuestro, aquí, para siempre.
La creencia de tiempo y todo lo relacionado con él es una creencia tenaz; los sentidos materiales a menudo nos convencen de que nuestra vida — todo lo que hacemos o emprendemos — está gobernada tiránicamente por el tiempo. Pero no nos dejemos engañar. El tiempo es una de las más viejas cadenas que atan a la raza humana. Se necesita mucha disposición y disciplina para liberarse de esta ligadura, negándose a creer que se está bajo la coacción del tiempo. Es provechoso cualquier esfuerzo que se haga para obtener y mantener la comprensión espiritual de lo que es la Vida eterna.
Iniciar sesión para ver esta página
Para tener acceso total a los Heraldos, active una cuenta usando su suscripción impresa del Heraldo ¡o suscríbase hoy a JSH-Online!