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Consuelo para los padres que creen haber fracasado

Del número de febrero de 1980 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana


Existe el perdón para todos. No es la voluntad divina que alguien sufra de perpetua condenación o condenación de sí mismo. Dios proporciona un medio de perdón para aquellos que quebrantan los Mandamientos, revelándoles Su amor y la perfección de Su universo, y guiándolos al arrepentimiento y al abandono del pecado. A su vez, provee un medio para escapar de los sentimientos de culpabilidad para los seres humanos que sin misericordia se condenan a sí mismos por el daño que creen haber hecho a otros ya sea deliberada o inconscientemente.

“No puedo evitar culparme a mí misma”, puede decir una madre lamentándose al pensar en el hijo atribulado o en el que carece de autodisciplina. Tal vez se sienta responsable por sus impedimentos o delincuencia que atribuye a alguna lesión prenatal o natal, o piense que a ella le faltó sabiduría para criarlo. Puede ser que otra diga: “¿Cómo podré jamás perdonármelo?” al pensar en alguien que se ha lesionado a raíz de su negligencia o falta de criterio.

La autocondenación por el daño causado, o por creer habérselo causado a otro, es, a menudo, más difícil de dominar que el resentimiento que uno pueda sentir por quienes aparentemente nos han perjudicado. Sin embargo, debemos perdonarnos a nosotros mismos si es que hemos de sanar la situación.

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