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¿Competir por un lugar? Piénsalo dos veces

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 12 de agosto de 2019


Me había estado preparando por un tiempo para dar mi TOEFL (Examen de inglés como lengua extranjera). Este examen era muy importante, porque había estado estudiando inglés en el Instituto Estadounidense de Idiomas del Congo, y necesitaba que evaluaran mi capacidad en ese idioma a fin de completar mi curso y graduarme.  

Estaba estudiando para el examen y todo iban bien; me sentía preparado y bastante tranquilo. Sin embargo, pocas semanas antes del día de la prueba, cuando traté de inscribirme para dar el examen, no pude encontrar cupo para darlo en mi ciudad. Parecía que la única opción era darlo en otra ciudad. Sin embargo, eso sería costoso, y yo no podía pagarlo de ninguna forma. Además, no quería postergar el examen, porque no solo necesitaba los resultados para graduarme, sino también para solicitar admisión en la universidad.

 Aunque estaba un poco preocupado, era estudiante de la Escuela Dominical de la Ciencia Cristiana, y sabía que había algo que podía hacer. Podía orar. La oración es una forma de comprender que Dios, quien es bueno, realmente tiene el control de nosotros en cualquier situación, y comprender esto produce los ajustes necesarios en nuestra vida.

Pensé en este versículo del libro de Salmos: “El Señor es mi pastor, nada me faltará” (23:1, LBLA). ¿Por qué nada nos puede faltar? Porque nuestro Pastor divino, Dios, es Amor, y nos ama y cuida de nosotros siempre. Me encanta lo que dice Mary Baker Eddy acerca de que el Amor divino nos da la provisión a todos: “El Amor divino siempre ha respondido y siempre responderá a toda necesidad humana” (Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, pág. 494). Fue muy reconfortante recordar que Dios responde a cada una de nuestras necesidades, aun cuando una situación parezca desesperada. Esto incluye un lugar permanente en Su universo que nadie nos puede quitar, y que nosotros no le podemos quitar a nadie. Puesto que el Amor divino nos proporciona a cada uno de nosotros lo que sea que necesitemos en todo momento, no hay competencia para obtener el bien de ninguna clase. Así comprendí que la sugestión de que no había cupo para que diera el examen, no podía ser la realidad de la situación.

Aunque era tentador pedirle a Dios que arreglara las cosas, me di cuenta de que no necesitaba hacerlo, dado que la Sra. Eddy escribe: “Dios no es influenciado por el hombre. El ‘oído divino’ no es un nervio auditivo. Es la Mente que todo lo oye y todo lo sabe, para quien cada necesidad del hombre es siempre conocida y por quien será satisfecha” (Ciencia y Salud, pág. 7). Me di cuenta de que mis oraciones no consistían tanto en pedirle algo a Dios, sino en simplemente comprender y confiar en la provisión que el Amor tiene para todos nosotros. Me tranquilicé y sentí el amor de Dios por mí y por todos.

Continué preparándome para la prueba, dejando el resto en manos de Dios y sintiéndome muy seguro de que algo bueno ocurriría. ¡Y así fue! Dos semanas antes de que terminara la inscripción, recibí un correo electrónico diciéndome que se habían agregado más aulas para dar el examen en mi ciudad. Esto me dio la oportunidad de inscribirme para dar el examen sin gastos adicionales.

¿No es maravilloso cuando confiamos en que Dios cuida de nosotros? Sigo aprendiendo más sobre el cuidado de Dios, y que realmente podemos tener lo que necesitemos sin competir con nadie más.

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Alfred F. Schneider, El Heraldo de la Ciencia Cristiana, número de mayo de 1974

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