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Espiritualizando el pensamiento al reconocer que sólo hay una Mente

Del número de junio de 1976 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana


Uno de mis conceptos favoritos del Espíritu es la omnipresencia de la inteligencia. A mi parecer este concepto expresa la naturaleza del Espíritu infinito que está con nosotros en todas partes, hablándonos, iluminándonos y guiándonos en todo instante. El Salmista cantó: “¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado... aún allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra”. Salmo 139:7, 8, 10;

Tanto el Espíritu como la Mente son sinónimos de Dios, y cuando reconocemos que sólo hay una Mente, también estamos aceptando la eterna presencia del Espíritu. Ésta es la forma básica por la cual espiritualizamos nuestra consciencia y así experimentamos la presencia y el poder de Dios, el bien todopoderoso. Nuestra experiencia humana es siempre el resultado de nuestros pensamientos — lo que admitimos en nuestra consciencia tiene la tendencia a reflejarse en nuestra experiencia. La espiritualización de nuestro pensamiento mediante el reconocimiento de que la Mente divina es todo y de que sólo hay una Mente, es un proceso de purificación que excluye el mal de nuestro pensamiento y por consiguiente de nuestra vida diaria. La Ciencia Cristiana nos demuestra que para tener un Dios, así como lo exige el primer mandamiento, hay que tener una sola Mente, y esa Mente es el Espíritu infinito que no abriga el mal, ni pecado, ni enfermedad ni muerte.

Al explicar el precepto divino: “No tendrás otros dioses delante de mí”, la Sra. Eddy dice: “Este es el Espíritu. Por lo tanto el mandato significa esto: No tendrás ninguna inteligencia, vida, substancia, verdad ni amor, sino aquellos que sean espirituales”.Ciencia y Salud, pág. 467; Ciertamente éste es el método directo de espiritualizar el pensamiento. La mente mortal que se expresa por medio del pensamiento materialista, y es lo opuesto de la Mente divina, debe ser silenciada, rechazada y destruida. Debemos aprender a eliminar las creencias falsas de nuestro pensamiento. Para lograrlo, necesitamos negar los errores del sentido material, la falsedad del magnetismo animal, y llenar entonces nuestra consciencia con las ideas puras que provienen de Dios.

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