Para mí, conocer la Ciencia Cristiana fue como nacer de nuevo. Me encontraba sufriendo de la espina dorsal, me resfriaba frecuentemente, padecía de bronquitis asmática y me aquejaban constantes dolores de cabeza. Estaba desesperada porque me había sometido a muchos tratamientos sin resultado y en una ocasión hasta llegué a recurrir a un tratamiento de culto mágico. Apenas si podía ejercer mi profesión de peluquera.
Un día, entre las personas que vinieron para que las atendiera, vino una señora que era practicista de la Ciencia Cristiana. Me habló de esta Ciencia, de la que escuché por primera vez. Esto despertó en mí un gran deseo de conocer la verdad. Compré el libro de texto, Ciencia y Salud por la Sra. Eddy, y “lo comí”, como dice la Biblia en Apocalipsis (10:10).
Mejoré considerablemente y en el Día de Acción de Gracias de 1973 comencé a asistir a la iglesia filial local y luego empecé a estudiar la Lección-Sermón que se encuentra en el Cuaderno Trimestral de la Ciencia Cristiana. Sané completamente de todas las dificultades físicas mencionadas e inscribí a mi hijo en la Escuela Dominical. Él también se curó de asma. Un absceso en el oído de mi hijo se abrió durante la noche, después de yo orar y leerle en alta voz pasajes de la Biblia, diciéndole que escuchara la Palabra de Dios.
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