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Las recompensas de servir en una iglesia pequeña

Del número de julio de 1978 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana


Nuestros amigos nos preguntaron: “¿Por qué van a empezar cultos de Ciencia Cristiana en su localidad? ¿Hay otros Científicos Cristianos allí?”

Contestamos que todavía no sabíamos de ninguno. En realidad, éramos muy nuevos en la comunidad y todavía no la conocíamos bien. Pero nos sentíamos seguros de que era el momento adecuado para celebrar cultos de manera que otros pudieran saber de las verdades sanadoras de la Ciencia Cristiana y ser bendecidos por ellas.

Seguimos adelante con los preparativos y continuamos orando. En el primer culto tuvimos una congregación de dos personas. Todavía puedo recordar la gran alegría que sentimos ese domingo. ¿Qué importaba el número de personas? Esto era la expresión de Iglesia manifestándose, trayendo la Ciencia del Cristo a nuestra comunidad.

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