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Sana un niño enfermo de gravedad

Del número de marzo de 2002 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana


Conocí la Christian Science cuando trabajaba como ama de llaves en la casa de una señora muy dulce. Ella tenía dos libros hermosos que leía todas las mañanas y que despertaban mucho mi curiosidad. Un día me encontró mirándolos, y la siguiente vez que fui a su casa, me dio de regalo un juego similar: la Biblia y Ciencia y Salud.

Poco después, aunque apenas comprendía la Christian Science, tuve mi primera prueba del poder de Dios. En aquella época estaba criando tres hijos por mi cuenta. Como trabajaba muchas horas, había contratado a una mujer mayor que me habían recomendado, para que cuidara de mis hijos.

Una noche llegué a casa y encontré que mi hijo de tres meses estaba muy enfermo; no podía retener nada de lo que ingería y estaba deshidratado. Esto siguió así toda la noche y, por la mañana, lo llevé al médico. Me preguntó si lo estaba alimentando adecuadamente y le dije que tenía en casa toda la comida necesaria. (Aunque después descubrí que esta señora se había estado comiendo lo que tenía que darle al niño.)

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